miércoles, 15 de febrero de 2017

El placer del voyeur y las máscaras: reflexiones en torno a la privacidad

El otro día hojeaba el último libro de Gay Talese: “El motel del voyeur”. Un libro cortito y, en teoría, basado en hechos reales. La premisa era clara. Un señor se pone en contacto con el autor para decirle que ha estado espiando durante décadas a todos los huéspedes de su motel. ¿La justificación? Entender a la sociedad americana, en especial sus prácticas sexuales.
 Más allá de la veracidad de sus palabras, cada vez más gente encuentra algo de placer exhibiendo su vida privada en una actitud, casi pornográfica.  Parece que la transparencia gana adeptos ante aquellos que esgrimen que no quieren mostrar su vida privada. Ya hemos hablado largamente sobre las dos caras de la transparencia y la privacidad, en especial la que tiene que ver con los gobiernos. Pero, desde entonces, ¿hemos avanzado algo?
El pensador coreano Byung-Chu Han, lo tiene claro: “el alma humana necesita esferas en las que pueda estar en sí misma sin la mirada del otro.”. Ya lo sabíamos. No necesitamos que un teórico nos lo diga. Siempre nos guardamos algo: en el trabajo ante nuestros jefes, cuando hacemos la compra o cuando tenemos que negociar el precio de una vivienda que nos interesa. La estrategia requiere de ciertos secretos que no debemos revelar.
Sin embargo, el dueño del motel del libro de Talese alegaba que necesitaba conocer a la sociedad norteamericana. Su razonamiento tenía cierta lógica. “Necesito espiarlos. Necesito que no lo sepan. Necesito comprender.” Décadas de diarios en donde relata  cada acción de sus huéspedes parecen atestiguar que se tomó su trabajo muy en serio pero nosotros insistimos: esa cantidad ingente de información ¿le ayudó realmente a comprender la naturaleza humana de la sociedad norteamericana?
En otras palabras, tener a nuestra entera disposición cantidades bestiales de información variopinta ¿nos hace más sabios o nos confunde más? Las nuevas tecnologías han llevado a que sea posible compilar hasta lo más absurdo como las calorías que quemamos cuando hacemos ejercicio, la media de kilómetros que hacemos cuando corremos y toda una sarta de pequeñeces. ¿Realmente los ingenieros se están matando para optimizar las comunicaciones para que nos pasemos toda la tarde mandando videos y chistes por WhatsApp?
 Sin querer estamos contribuyendo a dejar mucho más que infinitos rollos de papel higiénico de datos  intrascendentes y superfluos. Estamos desperdiciando energía, el tiempo, los recursos.  Y yendo más lejos: ¿no les estamos dando una entidad especial a esos datos con nuestro empeño en transformarlos a toda costa en información? (Por ejemplo, ¿sabes que podrías medir tu temperatura corporal todos los días con tu I phone y obtener estadísticas interesantes al cabo de, por ejemplo, un año?)
Hay algo que me falta. Vivimos en una sociedad que venera los datos como método de llegar a ciertas verdades. El big data ha surgido con fuerza en nuestra sociedad creando puestos de trabajo, nuevos negocios basados en nuestros hábitos y una nueva manera de los gobiernos de controlarnos aún más pero yo sigo preguntando. ¿Estamos haciendo las preguntas correctas para comprender mejor la realidad? Toda búsqueda de la verdad —con datos o sin ellos— requiere de una pregunta que nunca es trivial. Amazon parece acertar cuando me recomienda comprar zoquetes cuando compro zapatillas pero ¿Qué pasa con los gobiernos? ¿Harán las preguntas adecuadas? ¿O torturarán esos datos para responder a sus preguntas? ¿Sacaran las conclusiones correctas? ¿Nos perseguirán sin razón aparente? Vivimos en una nebulosa que solo acrecienta nuestro temor.
Fuente:https://www.flickr.com/photos/no-cctv/8960272042 

El voyeur de Talese sabía que estaba vulnerando la intimidad de sus huéspedes pero no pensaba que estuviera haciendo ningún mal siempre y cuando ellos no lo supieran. ¿Podemos decir lo mismo de los gobiernos y las empresas? ¿Podemos hacer de cuenta que no sabemos que nos espían? El placer del voyeur de Talese pasaba, en parte, por no ser descubierto, su premisa era básica cuando cuenta cómo espiaba a su tía. El hecho de que ella no lo supiera le ocasionaba un placer erótico irrefrenable.
Las empresas y los gobiernos voyeurs que nos espían no parecen tener el placer en el centro de sus preocupaciones ni en que descubramos que nos espían. Simplemente les da igual en la medida en que no afecte su actividad. Volviendo al coreano sabio: vivimos en una sociedad pornográfica en la que hemos perdido incluso el placer de lo prohibido. “Todo espíritu profundo necesita de una máscara” (p.41).
Como ciudadanos y consumidores todos usamos una máscara. El voyeur espía con el placer de no ser descubierto y el consumidor se entrega a las redes sociales pero no abre su alma: simplemente ensalza aquellos aspectos de su vida que le interesa mostrar. Mostrar es parte del mercado. Todos los mecanismos del actual capitalismo nos llevan a mostrar aspectos de nuestra vida que no se corresponden fielmente con nuestra vida cotidiana. Decidimos qué queremos exhibir y lo transformamos en algo bonito, conmensurable y dinerario. Subiré aquella foto bonita en donde estoy caminando en la playa con mi novia mientras recuerdo que aquel día, me despidieron del trabajo, tuve que pedir dinero prestado, me peleé con mi madre y encima, para colmo, acabo de pisar caca de perro. Esa foto en la playa resume solo un efímero grano de arena en mi miserable vida plagada de desventuras y dificultades.
Ha salido un rayo. Yo ya estoy soñando con un vermuth fresquito y unos pepinillos con cebollitas.

Sí, las pequeñitas. 

Fuentes:
Byung-Chul Han, La sociedad de la transparencia, Herder, 2013, España
Talese, Guy, El motel de voyeur, Alfaguara, 2016. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

Privacidad e Internet: ¿eres capaz de controlar tu propia información?

Hoy les escribo para contarles cómo fue la búsqueda de datos sobre privacidad que adelanté en el post anterior "Datos y privacidad: ¿una quimera?". 
La verdad es que no sé por dónde empezar. Me asaltaron muchos fantasmas. Dificultades metodológicas que estuvieron a punto de acabar con mi psiquis. Incluso pasé alguna noche pensando en por qué pierdo el tiempo en estas cuestiones en vez de salir a hacer cámaras ocultas o cosas más banales, divertidas e incluso…lucrativas.
Pero algo me atrapa de la dificultad. En otro post ahondaré en este enigmático asunto. 
Intentaré ser sintético e ir al grano. Quería contarles cómo había terminado todo este asunto de encontrar cifras sobre la privacidad en el marco del IV Taller de periodismo de datos de Medialab Prado (gracias Graeme Herbert por la parte técnica e Inés Mazarrasa por las correcciones del texto y tus opiniones, también a la periodista Yolanda Quintana por pasarme algún contacto interesante). He aprendido mucho aunque no en la dirección que pensaba. Supongo que en eso consiste: si todo sucediera como esperamos entonces no habría aprendizaje ¿no?
Bueno, les cuento.
Este último fin de semana hemos estado cerrando los proyectos. Y varias cuestiones tengo que comentar. La búsqueda de datos no mejoró. Es decir, esperaba encontrar más apoyo en este aspecto y me di cuenta de que la gente está más perdida que yo. Especulamos sobre las razones. Leímos. Nos documentamos. Y nos dimos cuenta de muchas cosas. Hay demasiada información sobre el tema dando vuelta por allí. Todo el mundo parece hablar de ello pero cuando rascás un poco, vez la realidad: no tenemos cifras concretas. Ya lo he dicho y me reiteraré. Fueron unos meses de aprendizaje pero en otro sentido. He podido constatar que las estadísticas en España son incompletas. Y he ahondado en algunos conceptos que ya sospechábamos. 
Les dejo el enlace al proyecto que se llama Privacidad e Internet: ¿eres capaz de controlar tu propia información? No es un alegato a favor de la privacidad. La idea es que el lector sea consciente de las consecuencias de controlar su propia información.
La web, como verá el lector, está dividida en varias secciones. Algunas tienen datos y otras son de análisis. Por ejemplo, en Consumo y responsabilidad, hablamos del escaso interés de los consumidores por proteger o controlar su propia información. Hablamos con expertos, consultamos encuestas y parece que la conclusión es clara: al consumidor le importa un carajo el asunto. En Cifras cojas, nos metemos de lleno en un terreno fangoso. El de los datos. ¿La conclusión? Que no hay estadísticas fiables en España sobre  cómo se está vulnerando este derecho. Sabemos que algo está pasando. Oímos voces, casos, anécdotas de color pero no somos capaces de ponerle números al tema. De eso hablamos en esta sección. Y de la necesidad de hacer un doctorado en protección de datos para comprender estos números. Luego, viene la joya: la entrevista que hicimos a Ricard Martinez, experto en privacidad. La recomiendo especialmente porque el entrevistado aúna dos condiciones fascinantes: controlar el tema en cuestión y saber divulgarlo. Eso hace que la entrevista sea entretenida y al mismo tiempo podamos hablar de un tema serio apelando a la vida cotidiana. Hablamos de las empresas, del gobierno, de los colegios, de los menores. Imperdible.

Luego, en Escéptico empedernido hemos querido convencer con una suerte de preguntas frecuentes a aquel que “se la trae al pairo” todo este tema. Queremos evangelizar un poco, lo reconozco. Y a través de preguntas facilonas esperamos acercar un tema complejo a la ciudadanía.
Recomiendo especialmente también el Glosario, con los términos que se han ido usando a lo largo de todo el sitio. Es una buena manera de documentarse de forma somera sobre cuestiones algunas más técnicas y otras más históricas como el origen de la privacidad y temas de derecho, economía e incluso, filosofía.
Estoy medianamente conforme con el resultado. Principalmente porque he aprendido varias cosas. Por ejemplo, que las cifras no reflejan la realidad ni de cerca.
Este proyecto es un punto de partida para muchas cosas más que iré desarrollando en este blog.
Les pido que dejen sus comentarios al final de este artículo. Me interesa tener un feedback del lector y conocer también sus puntos de vista sobre el tema. A menudo esta es una cuestión que toca muchas fibras y es importante escuchar a todas las partes.
Por último, llega el fin de año y toca beber y comer en exceso. A parte de brindar con cava, guárdese un brindis con vermuth fresquito de Reus. Me interesa que lo haga porque sé que disfrutará. Reemplace las olivas por un maravilloso panettone trufado de pasas de uvas. Su aroma, imperdible.
Les deseo unas hermosas fiestas.
Está lloviendo pero le pido que por favor no salga con paragua que es una insensatez existiendo las capuchas.  (Los canguros no solo estamos para filosofar sino para dar consejos de vida).
Hasta el año que viene.
Esta vez he aprendido que se puede contar una historia. Un relato interesante y entretenido.
Con o sin datos.

¡Salut!

sábado, 29 de octubre de 2016

Datos y privacidad: ¿una quimera?


Esta semana estuvo el canguro echando humo. A veces los filósofos debemos salir de la cómoda poltrona de la especulación y enfangarse en el mundo real. Sí, señores. He tenido que ponerme el mono y los guantes y salir a sumergirme en la búsqueda de una quimera. El dorado. La panacea de las cifras. Hace poco escribía sobre la necesidad de tener datos para atacar determinados problemas. Las campañas de concienciación siempre empiezan con cifras.
Pero buscar datos es estresante. Tiene un punto apasionante y entretenido cuando encuentras algo que pueda corroborar tu teoría. Siempre se puede manipular una cifra. Aislarla. Torturarla. Obligarla a hacer declaraciones contra su propia voluntad. Lo vemos habitualmente. El problema está cuando no llegas ni a tener una cifra a la cual torturar.
El fin de semana pasado estuve en el IV Taller de periodismo de datos de Medialab Prado. Una pasada de gente y de profesionales. Todos trabajando sin parar para lograr contar una historia con datos. Estaba convencida de que sería posible. Este año la consigna eran los derechos humanos y se me ocurrió lo obvio: que nuestro derecho a la privacidad está siendo constante y reiteradamente vulnerado. Nos inundan de noticias. De casos truculentos. De alertas de cosas terribles como el Ransonware (¿has visto el alerta de la Guardia Civil en Twitter? Te secuestran los datos y piden recompensa, ya hablaré en otro post sobre esto). Sin embargo, cuando he querido llegar a algún dato interesante me encuentro en el silencio más absoluto. Nadie sabe nada. Me inundan de papers, de documentos interesantísimos. De libros super molones y eruditos de la era digital, teorías sobre la vigilancia masiva, me dicen que ponga a leer sobre Snowden, o que lea las divertidísimas y claras  memorias de la AEPD o del Ministerio del Interior (ironic mode on). Incluso me pasaron un podcast de Radiolab que es una pasada. No aporta datos pero sí anécdotas mas o menos jocosas sobre esto de las nuevas tecnologías y el robo de datos. Y esto me dio que pensar. La privacidad es un asunto que interesa a la gente pero cada persona tiene su punto de vista de lo que es privado y lo que es público. Y es por eso que con cada uno que hablo me esboza su percepción sobre el tema. Para algunos el enemigo son las empresas, para otros los gobiernos, para otros la falta de moral y ética por parte de la ciudadanía. Hay quien incluso lo achaca al consumo desenfrenado de dispositivos móviles. Como sea. Como ya he venido contando el asunto tiene tantas aristas que saltar al mundo de las cifras es como hacer bungee jumping y que se te corte la cuerda nada más llegar al río.  
Aquí ejerciendo mi derecho al acceso con Google. ¡Mas de 12 gigas con todos mis movimientos! No es lo mismo intuirlo que verlo. Alucinante.

 Señores, solo soy un ciudadano. No soy un catedrático. No soy abogado experto en protección de datos. Soy simplemente un canguro que a veces se entrega al vermuth y que quiere saber concretamente cómo se está vulnerando este derecho fundamental. Quiero saber quiénes lo sufren. Cuantos son. Qué delitos son los más comunes. Cuáles son los colectivos más vulnerables. Me he planteado muchas veces que si no soy capaz de obtener una respuesta es que la pregunta es equivocada. Es posible. Algo mal debe haber en mi pregunta que me lleva al vacío más bestial y absoluto que he visto en mucho tiempo. Investigo otros países. Seguro que hay una nación modélica. De esas que hacen todo bien. Que compilan datos. Que los muestran. En un lenguaje simple y sencillo. Para la ciudadanía. Seguro que existe, señores. De momento, no lo he encontrado.
Este final es abierto.
Ya les contaré más.

El día está lindo. Es fin de mes pero si puedes, tomate un vermuth de Reus. Fresquito. Con hielo. Con esas aceitunas arbequinas que te hacen olvidar que el mundo es mundo y de que por más que estemos inundados de datos todavía no sabemos responder a las preguntas trascendentales. ¡Salut!

jueves, 29 de septiembre de 2016

Privacidad y monopolios: dos caras de una misma moneda

Siempre he sido de la teoría de que no necesitamos ser eruditos para entender los mercados, la economía y los procesos de intercambio. Está bien que la gente estudie, vaya a la universidad y se codee con otros sabios que les digan qué temas investigar o donde conseguir el dinero para una investigación. Pero como consumidores tenemos mucho que decir. Somos parte de la economía, una parte tan importante que sin ella no habría mercado posible. Por eso pienso muchas veces que no somos debidamente escuchados. ¿Cómo puede ser que seamos tan importantes para el sistema económico y se nos escuche tan poco?
Hace unos meses conocíamos la noticia de que WhatsApp y Facebook se habían puesto de acuerdo para jugar un poco con nuestros datos. Es decir, la primera iba a dar nuestra información a la segunda para que, eventualmente, nos cuelen publicidad a medida.  A todo esto, unos cuantos días atrás supimos que estamos obligados a aceptar su nueva política de privacidad bajo el riesgo de que nos den de baja del WhatsApp[1]. Todo esto me dio que pensar una vez más por qué es tan difícil luchar contra empresas que viven de sus datos.
El factor clave está en el monopolio y las barreras de salida para los consumidores. Sin monopolio no hay negocio eso está claro y también está claro que todas las medidas de empresas tecnológicas como Facebook van en el camino de evitar la competencia.

Michael Porter publicó en 1979 un interesante artículo sobre las 5 fuerzas de la competencia que dominan el Mercado en donde “el objetivo del directivo estratega es encontrar una posición en la industria en donde su compañía puede defenderse de estas fuerzas o influenciarlas a su favor”[2]. En criollo, el objetivo de la empresa es escapar de la competencia.   No voy a reproducir todo el artículo que puedes consultar en Internet perfectamente pero sí me parece interesante hacernos eco de una de las fuerzas más importantes de la competencia y es el poder de negociación de los clientes. ¿Realmente podemos negociar las condiciones en las que compartimos nuestros datos personales? No discutiré aquí si somos realmente compradores de servicios o vendedores de datos personales pero dando por hecho que somos clientes podemos decir que existen barreras a la salida que son importantes. Si todos mis amigos están en Facebook y WhatsApp el costo de romper el tablero puede ser alto para mí. La empresa gana, me doblega y al final acepto sus abusivas condiciones.
Pero concretamente, ¿Cuándo un comprador tiene poder de negociación? Siguiendo a Porter[3] un grupo de compradores es poderoso cuando:
1.       Está concentrado y compra en grandes volúmenes.
2.       El producto que compra es standard o indiferenciado.
3.       Cuando el costo es bajo para los compradores y no es sensible al precio.

Está claro que somos consumidores con altas barreras de salida. En efecto, el quid de cuestión está en que el monopolio es requisito indispensable para el negocio de los datos personales. La empresa tiene que tener grandes masas de información, tiene que concentrar, tiene que predecir en base a nuestra preferencias por eso los datos personales no pueden estar desperdigados por ahí, necesitan de un solo oído que los escuche, los interprete, los acaricie y los sobe un poco para, en ultima instancia, obtener dinero de ellos. A lo sumo, este oído sobador de datos podrá confiar en otro amigo pero nunca dejar un negocio tan importante en las abrumadoras y desconocidas aguas de la competencia.
Mientras no se combatan los monopolios, no podremos combatir las vulneraciones de la privacidad por parte de las empresas. No necesito ser catedrático. Me lo dice la experiencia. Somos consumidores: tenemos mucho que decir.
Mientras las empresas tecnológicas que viven de nuestra información siguen apuntalando medidas para escapar del mercado, los consumidores seguimos callados.
El mercado es una institución muy antigua que surge cuando queremos intercambiar bienes y servicios usando el dinero como forma de pago[4]. Nos vendieron que eran necesarios. Que eran imprescindibles. Que eran justos. Que eran eficientes. Pero… volvamos a WhatsApp y a Facebook. ¿No les parece una definición ya un poco antigua? ¿Siguen siendo los mercados moralmente irreprochables? Y entonces… ¿por qué se empeñan estas empresas en escapar de los mismos? ¿Es ya la libre competencia una idea obsoleta?
Lo siento, señores, hoy no tengo certezas. Solo un puñado de preguntas que se amontonan en mi cabeza. Me voy al vermuth y a seguir pensando que los consumidores, seguimos con la boca muy cerrada.






[1]Fuente:  http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/09/27/actualidad/1474975944_468987.html
[2] Fuente: . https://hbr.org/1979/03/how-competitive-forces-shape-strategy&cm_sp=Article-_-Links-_-End%20of%20Page%20Recirculation 
[3] Solo destaco algunas características que afectan a compradores que son consumidores y no empresas.
[4] Aquí puedes ver un interesante arituculo sobre los mercados desde el punto de vista filosófico. http://plato.stanford.edu/entries/markets/

martes, 20 de septiembre de 2016

Acoso, cyberbullying y derecho a la privacidad: ¿en qué nos estamos convirtiendo?

Hoy he llegado a saltos a mi guarida porque tengo un enojo monumental. Contra el mundo y contra muchas cosas. Es una pena porque el día está hermoso. El azul intenso del cielo. El verde de los pinos. El ligero olor a chimenea de algunos friolentos que ya se atreven a poner unos leños.  Estaba en la disyuntiva entre ponerme a descargar mi cabreo escribiendo o tirarme como un lagarto al sol del otoño. Al final pudo más la primera opción y aquí estoy.
El suicidio de Tiziana Cantone en Italia[1], los frecuentes casos de acoso escolar ligados a las nuevas tecnologías[2], el llanto descarnado de Paris Jackson (¿será una puesta en escena?)[3] no son casos aislados sino que constituyen un aspecto más de la privacidad que no siempre tenemos presente.
Hoy no hablo solamente de la privacidad como bien económico que estamos regalando a un precio muy barato (ya sabes que he estado hablando mucho sobre este tema y puedes ver varios artículos aquí) sino al valor que tiene como repositorio de la dignidad de una persona.
Yo siempre digo que la privacidad es un activo que sirve para muchas cosas y una de ellas es el refugio. Es la guarida en donde dejas las máscaras de la sociedad y te dejas llevar por lo que realmente eres. Puedes usar aquel pijama lleno de bolas o aquellos calzoncillos con agujeros sin que nadie se ría en tu cara. Parece una estupidez. No estamos hablando de grandes conspiraciones para conocer tus inclinaciones políticas. Ni siquiera de que el gobierno te espíe por considerarte un terrorista. Tampoco de que una empresa se cuele en tu armario para ver qué marca de zapatillas usas. Hablo de algo mucho más íntimo, banal y, al mismo tiempo, sagrado.
La privacidad es el derecho a poder esconder tu vida solo por el mero hecho de que te da la gana. Nada más. Y eso implica muchas cosas. Entre ellas, que tu nombre no sea insultado ni diezmado. Que no acosen tu identidad y que no te discriminen.
Históricamente la privacidad era un privilegio de unos pocos. De aquellos que podían darse el lujo de tener un castillo alejado de la plebe mientras que las clases menos pudientes debían acostumbrarse a vivir hacinados y compartiendo habitaciones. Lo que está claro es que la evolución de la privacidad y su mismo concepto ha estado ligado al cambio tecnológico[4]. Parece haber una relación muy fuerte.
No necesito que me lo diga ningún historiador. Como consumidor y ciudadano soy consciente de esa realidad.  Los malditos móviles. Las redes sociales. El abaratamiento de las tarifas de Internet. Hay un progreso tecnológico evidente pero ¿moralmente  hemos progresado? ¿Qué está pasando para que sucedan casos de acoso escolar que terminan en suicidio? ¿O situaciones como las de Tiziana Cantone en Italia? ¿Estamos dejando de hacer algo muy importante?
Yo creo que sí. Señores. No necesito consultar mis tochos filosóficos. Tampoco entrevistarme con expertos en el tema. Solo necesito algo de sentido común. Hay algo que ha fallado. No les podemos pedir a las personas que sean buena gente por la cara.
¿Habrá algún día una buena movilización para pedir que resguarden y cuiden nuestro derecho a la privacidad y en contra del acoso?

Está claro que la tecnología ha avanzado pero moralmente seguimos viviendo en el estado de naturaleza. Seguimos siendo los seres más cazurros y viles cuando estamos en manada. Insultamos, acosamos, matamos, violamos, humillamos igual que antes. Dirán que hoy estoy en plan oscuro y negativo pero… nadie parece ser bueno por naturaleza sino porque hay un Leviatán dispuesto a castigar las conductas inmundas. En cuanto ese Leviatán se desvanece ligeramente o tenemos la percepción de que se esfuma  es cuando sobreviene el caos y la barbarie y nos volvemos seres abominables.
Señores, es muy fácil volver al estado de naturaleza. Y no tengo ningunas ganas de volver a ese estado. Así que, aquí mi humilde contribución. Porque la filosofía no está solo para criticar lo que hay que cambiar sino para cambiar las cosas para que no volvamos a ese estado deplorable en donde manda la manada de imbéciles por sobre la gente buena.
1.       Necesitamos más informes sobre los hábitos de los jóvenes y los no tan jóvenes con respecto a la privacidad. Tenemos que saber de primera mano a qué nos estamos enfrentando. Investigando un poco veo que, a nivel oficial, la última encuesta sobre hábitos sobre el uso de Internet en jóvenes lo hizo el Ministerio del Interior en el año…2014[5]! Por Dios, eso es el Medioevo en la era de Internet. Señores, no podemos estar haciendo encuestas a la antigua cada dos años. Hay que hacer un seguimiento por lo menos anual incluso cambiando los métodos de encuesta o utilizando el big data en lugar de salir a confeccionar cuestionarios. Debemos plantearnos si el big data no es una mejor herramienta para conocer a la población que las encuestas cuantitativas. Se podrían plantear por lo menos algunos focus groups periódicos en los que creo que se podría ganar más información que en un cuestionario cada 2 años.

2.       Necesitamos cifras sobre cuanta gente se está viendo afectada por la vulneración de su privacidad. Sin datos no podemos atacar el problema. Este asunto tiene varios aspectos:

a.       Número de personas a las que les han arrebatado su identidad.
b.      Venta de datos personales a terceros
c.       Muertes por acoso o ciberbullying.
d.      Número de personas con depresión o síntomas patológicos por vulneración de sus datos personales.
e.      Robos, maltrato, casos de violencia, secuestros ligados al compartir los datos personales en redes sociales.
f.        Número de persecuciones a personas inocentes por delitos que nunca existieron.

3.       Con los datos en la mano, debemos analizar cuáles son los grupos de edad más vulnerables. A priori y sin datos diría que los más frágiles son los jóvenes y los ancianos. Lo veo todos los días. Abuelos compartiendo fotos sin ton ni son de sus nietos en cualquier plataforma. Les hablas de privacidad y te miran con cara de ¿qué? ¿me estas durmiendo? Los jóvenes en edad escolar también es una franja complicada por obvias razones pero suma un fenómeno más: el efecto manada. Si uno acosa, se suma el resto de la clase….y del mundo.
4.       Campañas en los colegios. Charlas a los chicos. Vale. Esto ya lo lleva haciendo la Agencia de protección de datos pero charlas a los padres y a las autoridades de los colegios que lo primero que hacen ante una situación de acoso es ver cómo se pueden lavar las manos. ¿Y los padres? No se enteran de nada. Esto no se combate prohibiendo el uso de Internet. Joder, parece de cajón, lo prohíbes y encontraran la manera de entrar. Son chavales, viven para eso. Más inteligencia y sentido común a los padres. Más comunicación. La Agencia española de protección de datos[6] hace bastante. Tiene unos premios. Va a los colegios. Fomenta material que pueda servir para jóvenes, padres y profesores. Pero, ¿es suficiente? ¿Necesitamos más instituciones implicadas? ¿Personajes públicos? Que alguien me lo cuente porque no lo sé.   
5.       Un perfil más alto de las asociaciones de consumidores. Más campañas. Más información. Yo sigo las noticias de las principales asociaciones y echo en falta más compromiso con este tema. Más seguimiento de denuncias. Mas formación e información para que la gente pueda denunciar.
6.       Una unidad especializada en vulneración de la privacidad. Lo cual podría englobar desde ciberbullying, acoso en las redes, temas de ventas de datos a terceros por parte de empresas, control de políticas de privacidad por parte de las empresas. Una especie de unidad del crimen súper hiper ultra centrada en esto. Como cuando se abrieron comisarías con agentes especializados en violencia de género.
7.       Más campañas a nivel nacional. Creo que hay que poner este problema al mismo nivel de la violencia de género o los accidentes de tráfico. Publicidad a lo bestia. Está probado que funciona con casos reales o lo que se tercie.
Lamentablemente, ahora no estamos hablando solo de dignidad sino de que hay gente que muere por culpa de una mala gestión de la privacidad. Es fácil prevenir ciertas conductas. Educando en la gestión de los datos personales y previniendo el aumento de los acosadores. Son dos frentes muy distintos pero que deben atacarse en paralelo.

De momento, me quedo acá aunque podría seguir hasta el infinito. Es un tema que me apasiona pero que me trae a veces mucha tristeza por las cosas que pasan. Por favor, no volvamos al estado de naturaleza.
Por Dios, necesito un vermuth y tirarme a reposar al sol como un lagarto.



[1] Fuente: http://www.elmundo.es/sociedad/2016/09/15/57da8200e2704ed91a8b4578.html
[2] Puedes ver varios testimonios de El objetivo acoso escolar, aquí http://www.atresplayer.com/television/programas/el-objetivo/temporada-5/capitulo-3-acoso-escolar_2016091600801.html
[3] Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/09/16/icon/1474025647_394509.html
[4] Puedes consultar este interesante paper solo la historia de la privacidad Holvast, J. (2008, September). History of privacy. In IFIP Summer School on the Future of Identity in the Information Society (pp. 13-42). Springer Berlin Heidelberg.
[5] Fuente: http://www.interior.gob.es/documents/10180/2563633/Encuesta+sobre+h%C3%A1bitos+de+uso+y+seguridad+de+internet+de+menores+y+j%C3%B3venes+en+Espa%C3%B1a/b88a590a-514d-49a2-9162-f58b7e2cb354
[6] En la página de la AEPD puedes ver las distintas iniciativas que tienen para concienciar en el tema de la privacidad. http://www.agpd.es/portalwebAGPD/index-ides-idphp.php

jueves, 8 de septiembre de 2016

Big data, privacidad y economía colaborativa: buscando la ética perdida

Tengo una higuera en mi jardín que da unos maravillosos higos en esta época del año. Verdes. Tersos y dulces.  Muchos se pudren o se los comen los pájaros. Lo mismo pasa con las moras de las zarzas que rodean mi casa. O se queman por el sol o las aves las almuerzan. Cuando el calor no me amedrenta salgo y recolecto muchas. Lleno tapers y me harto a comer moras durante días. Sin embargo, son demasiadas. Tengo un excedente. Un canguro amigo me dice que las venda. Otro que las regale. Otro que las tire. Y todo esto me hace pensar una vez más en la economía y en cómo gestionamos lo que a priori está infrautilizado.
Hace unos días llegó a mis manos un viejo número de The economist hablando de las maravillas de la sharing economy[1]. Ese nuevo sector multifacético en el que los prosumidores  intercambian bien y servicios. Un clásico. El trueque de toda la vida. El articulo señalaba las maravillas de Internet para unir finalmente en un amor perpetuo a consumidores y productores en tiempo real.
Se iban a acabar los monopolios. La competencia haría que los precios estuvieran por los suelos. Y lo más importante: el consumo colaborativo haría que la justicia social y económica se extendiera a los confines del planeta. El bienestar llegaría finalmente. Habíamos llegado al fin de la escasez.
Ya he hablado en otros posts sobre las implicancias de esta nueva economía de bienes intangibles. En donde la premisa es el acceso y no la posesión. No me explayaré en esto. El artículo de The economist era de 2013. Tres años han pasado y yo me pregunto: ¿Se ha producido el milagro económico? ¿Se han cumplido todas las expectativas económicas y sociales que esta nueva economía pregonaba?
Ok. Debo confesar que suena atractivo. Todo lo que tenga que ver con compartir mola. Es genial. Nadie se olvida de una de las primeras grandes controversias en torno a esto: la piratería. Compartir estaba bien porque rompía con los monopolios. Favorecía el acceso. Democratizaba el consumo. Hasta que algo pasó: el modelo se agotó y Napster se transformó en una plataforma de pago y apareció Spotify democratizando el consumo y tirando por los suelos los ingresos de los creadores. No me linchen. Me encanta Spotify. Es fácil. No me compromete. Es barato. Me resuelve el tema de la propiedad. Me permite el acceso y ya no tengo que cuidar de que mi perro me rompa los vinilos y los CDs.
Pero hay una cuestión de fondo que me pregunto: ¿hemos logrado acabar con los monopolios o hemos reemplazado viejos monopolios, rancios y conservadores por nuevos monopolios cools de Silicon Valley?
Un ejemplo más contemporáneo. Airbnb. Bla bla bla car. Me encanta la idea. Es fascinante. Acabar con las viejas redes de taxistas o de grandes hoteles. Me fascina la idea de abrir el mercado a nuevos intrusos. Lo nuevo atrae y está bien. Se caen las barreras de entrada pero…disculpen que me ponga ñoño ¿estamos creando un mundo mejor? ¿Hay mayor competencia?  ¿Tenemos más derechos los consumidores/ciudadanos?¿Podemos presicindir del Estado y dejar todo en mano de las recomendaciones de los usuarios como forma de conseguir la calidad de los servicios ofertados?
Intuyo que no. Hemos reemplazado un monopolio por otro. Y esto seguirá siendo así. Que no me vengan con economía más justa y social. A veces hasta los negocios pueden beneficiar puntualmente al consumidor pero no dejan de ser negocios en donde el monopolio de los datos personales es fundamental. Hay que controlar el mercado y eso es lo opuesto a una competencia perfecta. El big data es fundamental en este tipo de empresas y la transparencia su bandera.
Estos modelos de negocio tienen un pilar muy fuerte en el acceso a los datos de los usuarios. Es necesaria esa información. Porque esa información tiene valor. Que no nos engañen. Son empresas molonas pero los consumidores seguimos igual de desprotegidos que antes mientras no seamos conscientes de que nuestra privacidad, además de ser un derecho, vale dinero en el mercado. Antes por lo menos reinaba el anonimato en Internet, ahora estamos vigilados.
Acá te muestro mis moras. Estaban riquísimas. Recuerda agarrar siempre las más negras. Las rojas están ácidas. 

Me meto en Internet y veo varios colectivos interesantes como Sharing España. No, no es una plataforma ciudadana de trueque. Está formado por empresas modernillas como Uber o SocialCar. ¿Y los consumidores? No veo nada claro. Solo un interesante estudio realizado por OCU: Consumo colaborativo: ¿colaboración o negocio?[2], solo un 10% de estas empresas en España se dedican a algo medianamente social. La mayoría tiene como principal objetivo hacer dinero. Escasea la transparencia, la misma que ellos pregonan cuando somos los consumidores los que tenemos que entregar nuestros datos. Solo una de cada tres empresas respondió el cuestionario de OCU. Echo en falta una mención más explícita al tema de la privacidad de los consumidores pero al menos hay un pedido explícito de más regulación y protección de los consumidores.
Más interesante el estudio de ESADE Nosotros compartimos ¿Quiénes ganan? en el que se ahonda más sobre las luces y las sombras de la economía colaborativa. Me quedo con un dato demoledor  el 95 % de los beneficios de la economía colaborativa se lo están llevando el 1 % de las plataformas"[3].
Vuelvo a lo mismo. Tenemos más monopolios y más control en pocas manos de nuestros datos personales. Me parece genial que la gente quiera hacer negocios pero los consumidores debiéramos ser conscientes de lo que estamos vendiendo.
Señores: no me paga el lobby hotelero, no pertenezco a la liga anti piratería pero lo tengo que decir bien claro: estamos perdiendo esferas de privacidad a pasos agigantados y seguimos tan tranquilos. Soy un canguro y me siento solo en el desierto. Necesito seguir investigando cómo el big data y la economía colaborativa puede tener implicancias éticas en torno a nuestros datos personales. Que alguien me cuente si es posible una economía colaborativa que sea más cooperativa y anónima y menos lucrativa y vigilante.
Me estoy derritiendo. Una masa de aire caliente me está matando. Después de esta parrafada los dejo y corro desesperado al vermuth fresco. 
Cargado de hielitos.




[2] Aquí puedes leer el informe https://www.ocu.org/consumo-familia/viajes-vacaciones/noticias/informe-consumo-colaborativo
[3] Aquí un link al estudio completo   http://www.esade.edu/homepage/esp/newsroom/press-releases/viewelement/322962/1/un-estudio-de-esade-apunta-la-necesidad-de-establecer-un-marco-para-medir-el-impacto-social-de-las-iniciativas-de-economia-colaborativa

viernes, 24 de junio de 2016

El cisne negro para dummies: conocimiento, riesgo e incertidumbre (2)

Reino Unido sale del euro. Para algunos, el cisne negro del año 2016.
Segunda parte de este diálogo entre un tonto profesional y el Canguro, a propósito del libro de Taleb El cisne negro.
Si te perdiste la primera parte, puedes leerla acá

¿Me estás diciendo que los expertos no existen?

Más que no existir él los equipara al común de la gente. ¿Sabe más un catedrático de economía y finanzas que un taxista a la hora de predecir? No hay estudios  ni evidencia empírica que avalen las predicciones de los expertos. Se equivocan, señores. Y su nivel de acierto es tan errático como lo puede ser el de un taxista. En economía esto es evidente. Ser consumidor en el sistema capitalista implica tener conocimiento más que básico acerca de cómo funciona la economía. O por lo menos determinados aspectos de la misma. Tenemos autoridad moral para ver qué está mal. ¿Por qué alguien que solo ha ido a la universidad puede saber más que yo sobre qué pasará en el futuro?

O sea que una persona que se ha formado, ha ido a la universidad. Se mantiene informado, ¿no tiene más herramientas para entender y o predecir el mundo?

¡Todo lo contrario! Taleb plantea que justamente es el exceso de información lo que nos vuelve ciegos ante el conocimiento y cita la metáfora de la biblioteca de Umberto Eco. La biblioteca vale más por lo que no tiene que por los libros que hay allí. Ser consciente de nuestra ignorancia es fundamental. Justamente, sufrimos de un sesgo. El sesgo de la confirmación. Usamos la información que tenemos para confirmar nuestras convicciones. No falsamos nunca el conocimiento en nuestra vida cotidiana. Eso explica que ante un mismo hecho los votantes de Podemos, el PP o Ciudadanos hagan interpretaciones distintas. Tenemos información incompleta y sacamos conclusiones que pueden estar equivocadas. Taleb se basa en muchos experimentos realizados por psicólogos como Daniel Kahneman que se encargan de estudiar el comportamiento con la mínima teorización posible.

¿Me estás diciendo que el libro es un canto a la ignorancia?

De alguna manera, es así. Parece interesante replantear qué rol está jugando la universidad en el proceso de crear conocimiento. Este es un aspecto poco debatido en profundidad.

Tal como nos recomienda Piketty, en vez de estudiar y esforzarme, ¿debo buscarme una chica guapa que me mantenga?

Taleb, como estudioso de la incertidumbre otorga una gran importancia al azar. El azar no se puede explicar y está más ligado a la suerte que a otra cosa. Ya por el mismo hecho de estar vivos y debatiendo estos temas somos  suertudos desde el punto de vista de la evolución. Por eso, sí. Si puedes, cásate con una chica guapa que te mantenga. No serás más sabio por pasar por la universidad. De alguna manera, el peor pecado es tomarse demasiado en serio el propio conocimiento.

Ok. Me queda claro. El conocimiento no me da herramientas ni para entender el pasado ni para predecir el futuro. Entonces, ¿a qué puedo agarrarme? ¿Qué puedo aprender de un evento de cisne negro?

Puedes aprender muchas cosas. Por ejemplo, qué está mal y es equivocado. En efecto, solemos estar más seguros de lo que está mal hecho que de lo que está bien. Aprovechemos ese conocimiento. Taleb, en esta línea, es un defensor de Karl Popper que abogaba por la duda eterna. Nunca se puede probar la veracidad de un hecho, solo falsarlo. En vez de perder el tiempo intentando predecir un suceso centrémonos en estar mentalmente preparados para lo inesperado.  Por otra parte, aboga por una interpretación fractal de la incertidumbre…

Espera. Espera. Me estás liando. ¿Interpretación fractal de la incertidumbre? ¿De qué estás hablando? Explícamelo fácil que soy muy básico.

Taleb, basándose en los estudios de Mandelbrot, critica la ley de los grandes números, es decir, la distribución gaussiana de los eventos. No te lío pero la norma entre los estadísticos es asumir que la distribución de una serie de datos tiene la forma de la campana de Gauss, esto quiere decir que cuanto más elementos haya en una muestra más cerca estarán de la media. Los eventos son regulares y las desviaciones de la media son mínimas. Mandelbrot, que era un estudioso de las cuestiones bursátiles, se dio cuenta de que a menudo hay eventos de baja probabilidad, corridas bancarias, quiebres de grandes empresas, que pueden tener efectos devastadores.


Vale… ¿y qué tiene que ver todo esto con los fractales?

Taleb (y Mandelbrot) piensan que la geometría tradicional no explica el mundo en el que vivimos: ¿Quién ha visto triángulos en la selva? ¿Rectángulos en una granja o redondeles perfectos caminado por el parque? La geometría es un invento del hombre y la naturaleza sigue un modelo en el que  una parte de un objeto tiene la forma del objeto entero. Así hasta el infinito. Sería como ver que una línea de una hoja de árbol se parece a la forma de una rama y a la del árbol entero. A diferentes escalas, la estructura del objeto se repite…

Espera. Espera. ¿Qué tiene que ver todo esto con la vida cotidiana?

¡Mucho! Si no conocemos la naturaleza de los eventos que afectan nuestra vida cotidiana, no podemos estar preparados cuando ocurren sucesos inesperados.

¿Y en el plano práctico? ¿Debo buscarme un buen partido, jugar a la lotería o ponerme a trabajar?

Taleb resulta un poco contradictorio. De alguna manera, la incertidumbre tiene que ver con la información incompleta. Por eso la suerte juega un papel importante en el mundo del azar pero…él aboga por que la suerte te pille haciendo algo interesante. No dependas de las predicciones de terceros. Sé un poco conservador y un poco arriesgado. No pongas todos los huevos en la misma canasta. Trata de prepararte para las consecuencias de los sucesos inesperados y no pierdas tiempo intentando calcular su probabilidad de que ocurra. O sea, sé arriesgado cuando las consecuencias de que ocurra un cisne negro sean positivas y sé conservador cuando sus efectos sean negativos. En criollo, no dependas del humor del mercado. No dependas de la personalidad de un jefe. Ni de los caprichos de una pareja neurótica.  Esa es la clave de la incertidumbre. Todos sus consejos son de Perogrullo y en esto echo en falta unas palabras para aquellos que a lo mejor no pueden elegir. Aquellos que dependen de un trabajo, un ingreso, una mujer o un marido. Tienen todos los huevos puestos en la misma canasta y no son capaces de diversificar porque de alguna manera no son libres. Taleb se olvida de ellos o simplemente no los menciona.

¿Y por qué 5 años después de su publicación, debo prestar atención a esta obra?

Porque no pasa el tiempo y porque estamos viviendo tiempos muy convulsos. Seguimos viviendo en la incertidumbre y seguimos queriendo controlar el conocimiento. Taleb nos enseña a vivir en la incertidumbre sin morir en el intento de querer saber el futuro que por cierto… ¿nos interesa?

No. Está claro que no me interesa saber si mi mujer me meterá los cuernos o si padeceré una enfermedad incurable. Saber el futuro es inquietante. Pero leer unas palabras sobre el azar puede ser interesante.

En efecto, ningún ensayo es perfecto pero te detallo algunos fallos que, sin embargo, no desmerecen la obra:
·         La organización de los capítulos es caótica. El libro está plagado de anécdotas entretenidas con el fin de esbozar una idea que se repite a lo largo del tiempo.
·         Se desprende de lo anterior: sobran páginas. Da la sensación de que el autor se vio obligado a engrosar el libro. Se pueden explicar sus cuatro conceptos con la mitad de páginas.
·         Tiene un estilo excesivamente coloquial. A mí me gusta pero hay quien le pueda resultar chocante.
·         Sus enemigos podrían alegar que tiene un gran ego a raíz de comentarios autorreferenciales que hace a lo largo del libro. A mí me da igual. Ya sé que los escritores y los académicos suelen tener grandes egos. Mientras digan algo que aporte al conocimiento, no me importa.
·         Su explicación de los fractales no es muy didáctica. Si eres lego, debes consultar otras obras.

Vale. Me has convencido. Me pongo a ello.

Para cerrar, te dejo algunas perlitas del cisne negro. Grandes frases.

·         “Metaforas e historias son mucho más potentes que las ideas; son además mucho más fáciles de recordar y más divertidas de leer. (…) Las ideas van y vienen, las historias permanecen. (p.xxxi)
·         “…consideramos nuestro conocimiento demasiado en serio” (p.2)
·         “podemos acercarnos mucho más a la verdad buscando ejemplos negativos que buscando la verificación” (p. 56).
·         “paradójicamente, mientras mas información tenemos, mas justificados nos sentimos en nuestros puntos de vista” (p.59)
·         “¿Puede la ficción acercarse más a la verdad mientras que la no ficción es un refugio para mentirosos”? (p.75)
·         “si te metes en una profesión que dependa de cisnes negros, únete a un grupo” (p.94)
·         La ciencia económica es de las disciplinas mas insulares que hay. Es la que menos cita menos textos de fuera de su propia disciplina”(p.154)
·         Casi todo lo que nos rodea en este momento es producto de la serendipia” (p.166)
·         Para mí una utopía es la epistemocracia. Sería una sociedad sobernada sobre la base de que somos conscientes de nuestra ignorancia, no nuestro conocimiento. (p.192)
·         El azar es fundamentalmente información incompleta.
·         No escuches a los economistas que hacen predicciones o los que predicen en la ciencia social (son meros entretenedores). (p.203)
·         “ordena tus creencias no por la probabilidad de que incurran sino por el daño que pueden causar”. (p.205)
·         “No buscas algo en particular cada mañana pero trabajas duro para que las contingencias entren en tu vida” (p.208)
·         “aprovecha cada oportunidad, o todo lo que parezca una oportunidad. Son raras. Mucho más raras de lo que piensas. Recuerda que los cisnes negros positivos siempre tienen un primer paso: tú tienes que estar expuesto a ello”. (p.208)
·         “No pierdas tu tiempo peleándote con predictores, analistas de stocks, economistas o científicos sociales, a menos que quieras gastarles una broma. Es fácil reírse de ellos y muchos se enojan con facilidad” (p.210)

Y esta es una de mis preferidas. No te olvides. Gane quien gane el domingo las elecciones. No entregues tu alma a nadie. Nadie se merece nuestra admiración absoluta.
·        
La suerte es mucho más igualitaria que la inteligencia. Si la gente fuera recompensada solamente por sus capacidades, seguiría siendo injusto-la gente no elige sus habilidades. El azar tiene un efecto beneficioso de barajar de nuevo las cartas, golpeando al poderoso. (p.222)


 ACTUALIZACIÓN: REINO UNIDO SALE DE EUROPA Y DIMITE CAMERON. Dicen que ningún sondeo lo previó pero yo no hablaría claramente de un cisne negro. A lo mejor para algunos, pero bien sabemos que cuando el margen entre las dos opciones es tan ajustado puede ocurrir cualquier cosa. 
Y ahora viene lo mejor: cuando salen todos los "cantamañanas" como ranas después de la lluvia a explicarnos las razones de su salida. Ahora empieza lo más divertido: la narrativa.